lunes, julio 08, 2013

El insomnio y la amistad

Una noche de verano aparecí por la habitación de mi amiga Cecilia Gatica y le dije: Cecilia, vengo a matarte. Ella se dio media vuelta en la cama, o al menos eso deduje por el sonido porque la oscuridad era total, y murmuro algo como mmh…, aparentemente aun dormida. Había conseguido entrar en su departamento de una pieza en el centro de Santiago porque hace unos años otra amiga había vivido en el mismo lugar y me dio una copia de su llave para que cuidara a su perra, siempre guardo todas las llaves, debo tener por lo menos de 10 casas distintas, todos los lugares en los que he vivido y varias de distintos amigos y familiares. Después de un rato volví a escuchar que se movía en la cama y me pareció que se sentaba, hubo como una pausa y dijo ¿Quién anda ahí? Soy yo, Ilán. ¿Qué estai haciendo acá? Vengo a matarte. ¿Cómo entraste? Tengo llaves. Ven a acostarte, te hago un espacio. Me quede callado y me mantuve firme a los pies de la cama, volví a escuchar un movimiento de sabanas y nos quedamos en silencio un rato. ¿Sigues ahí? Le dije que sí, se volvió a sentar en la cama y prendió la luz del velador, ahí estaba yo a los pies de la cama con un cuchillo de cocina para cortar carne como de 30 cm de largo en la mano derecha, la Ceci estaba con la mitad de la cabeza rapada y el pelo de la otra mitad revuelto, con cara de sueño y los ojos achinados por el cambio de luz, a su lado estaba durmiendo la Andrea sin enterarse de nada. Ilán, ¿Qué chucha? No parecía alarmada, probablemente no me cree capaz de matarla. ¿No estas asustada? Un poco, me dijo, pero ¿qué te pasa? No sé, respondí, se me ocurrió esto, no puedo dormir. Ilán, ¿qué chucha te pasa? Nada, estoy escribiendo en mi casa. La Andrea seguía durmiendo, pensé en cómo podía ser posible que tuviera el sueño tan pesado. La Ceci me dijo que me fuera a dormir y dejara de escribir weas. Bueno, le dije, ¿pero puedo matarte? ¿Pero porque me quieres matar? No sé, cuando lo imagine no era yo el que te mataba, era otra persona, pero de un momento a otro era yo y ahora estoy aquí. Deja ese cuchillo y ándate a dormir, insistió. Bueno, pero ¿puedo matarte antes?, total es solo un cuento tonto, no creo que nadie lo lea. Mmm… no me gusta nada, pero si quieres hazlo, no necesitas pedirme permiso. Me quede un rato más de pie, quieto con el cuchillo en la mano y de pronto me abalance hacia la cama con dos pasos largos. Matar a alguien con un cuchillo de cocina es más difícil de lo que pensaba, no están hechos para esas cosas, una vez que los clavas en el cuerpo de una persona por algún fenómeno físico se genera un vacío y sacarlo de allí es muy difícil. La cama quedó completamente cubierta de sangre, incluso chorreaba al piso. La Andrea siguió durmiendo y no se enteró de nada 

1 comentario:

Cec dijo...

puedes matarme cuantas veces sean necesarias.
agradezco -eso si- que la andre no haya despertado.

en que parte vas??
terminaste el libro que te deje??